La historia del Diamante Interior

Dicen los antiguos maestros que cada ser humano nace con un diamante en el corazón. Un diamante puro, luminoso, perfecto… pero cubierto de polvo, capas, heridas y experiencias que lo opacan. No es un diamante roto: solo está esperando ser pulido.

Había una mujer —como vos, como cualquiera de nosotros— que un día sintió que algo faltaba. Tenía vida, tenía rutinas, tenía responsabilidades… pero en su interior, una voz suave le decía: “Hay más”. Ese “más” no era un deseo externo, sino un llamado interno: volver al centro.

Un maestro de camino le mostró un diamante sin pulir y le dijo:

—Este también fue una piedra oscura alguna vez. El brillo no se agrega desde afuera, Patricia… el brillo se libera desde adentro.

Intrigada, la mujer preguntó cómo podía liberar ese brillo en ella. El maestro sonrió:

—Pulí cada faceta de tu vida con conciencia. Una por una. Sin prisa, sin juicios, con amor.

Entonces ella comenzó su viaje.

La primera faceta: la Sombra

Fue la más desafiante. Allí estaban sus miedos, sus dudas, sus viejos relatos. En vez de rechazarlos, decidió escucharlos. Al hacerlo, una pequeña chispa de luz surgió.

Lección de coaching: la sombra no es enemiga; es una puerta. Cuando la atravesás, recuperás tu poder.

La segunda faceta: la Voz

Aprendió a hablarse con suavidad. Cambió el “no puedo” por “estoy aprendiendo”, el “no valgo” por “me reconozco”, el “soy así” por “estoy en evolución”.

Lección: tu diálogo interno es la herramienta más poderosa de transformación.

La tercera faceta: la Energía

Comenzó a cuidar su cuerpo, sus emociones y su tiempo. Descubrió que cuando ella se honraba, su energía se expandía.

Lección: para brillar hacia afuera, primero hay que nutrirse por dentro.

La cuarta faceta: el Propósito

Se preguntó: ¿Qué vine a expresar en este mundo? Y entendió que su misión no era convertirse en alguien nuevo, sino recordar quién era realmente.

Lección: el propósito no se busca; se revela.

La quinta faceta: la Presencia

Aprendió a estar aquí y ahora. A mirar la vida con gratitud. A ver cada experiencia como una oportunidad de expansión.

Lección: la presencia pule cualquier oscuridad con solo tocarla.

El Centro del Diamante

Cuando todas las facetas estuvieron trabajadas, la mujer volvió a encontrarse con el maestro. Él la observó en silencio y le dijo:

—Ahora mirá tu luz.

Ella cerró los ojos y sintió algo profundo: su centro brillaba como siempre había brillado. Nunca estuvo apagado; solo estuvo cubierto.

Entonces lo comprendió:

👉 Pulir no es cambiarte. Es recordarte.

👉 No es llegar a un lugar. Es volver a tu centro.

👉 Tu yo soy es el diamante que siempre estuvo ahí.

Y así la mujer siguió caminando por la vida, no como alguien que busca luz, sino como alguien que la irradia. Su brillo no era perfecto, pero era auténtico. Y cada día elegía una nueva faceta para pulir, con paciencia, con amor, con presencia.

¡EN EEKE MAI EA!
¡Te quiero tanto!

Patricia

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