Un acto de valentía espiritual
Soñar es uno de los movimientos más puros del alma. No nace de la mente racional ni de los cálculos perfectos; nace de ese espacio silencioso donde tu ser recuerda quién es y hacia dónde quiere ir.
Atreverse a soñar es un acto de coraje, porque implica confiar en lo invisible, en lo que aún no existe, pero vibra dentro de vos con la fuerza de una verdad interior.
Cuando te abrís al sueño, algo se despierta.
Tu energía cambia.
Tus percepciones se expanden.
Tu corazón te guía hacia horizontes que quizá siempre sentiste posibles, pero nunca te permitiste abrazar del todo.
Los sueños son mapas espirituales. No vienen a confundirte, vienen a mostrarte un camino que tu alma ya conoce. Y aunque a veces la mente diga “esto es imposible”, el sueño insiste, suave pero constante, recordándote que la vida se mueve a través de aquello que te enciende por dentro.
Soñar es confiar.
Confiar en tus dones, en tu intuición, en ese llamado que vuelve una y otra vez.
Confiar en que merecés lo que deseás.
Confiar en que el Universo te sostiene cuando das el primer paso.
Quizás alguna vez guardaste un sueño por miedo al fracaso, por no decepcionar a alguien, o por creer que no estabas listo. Pero tu alma no olvida. Sigue esperando el momento en que digas: “Estoy preparado para volver a creer”.
Porque los sueños no son fantasías.
Son puertas.
Son códigos de expansión.
Son la manera en que tu esencia te invita a evolucionar.
Y la pregunta es:
¿Te atreves a soñar con todo tu corazón?
¿A sostener esa visión incluso cuando todavía no ves resultados?
¿A honrar ese deseo como un llamado interno que merece ser escuchado?
Cuando te atrevés a soñar, te reconciliás con tu propio poder.
Comenzás a caminar más liviano, más consciente, más alineado.
Entonces la vida empieza a moverse a tu favor: aparecen señales, personas, oportunidades y sincronías que confirman que vas por el camino correcto.
Recordá:
Soñar no es escaparse de la realidad.
Soñar es crear una nueva realidad desde adentro.
Dale espacio a tus sueños.
Nombralos.
Sentilos.
Agradecelos como si ya estuvieran en camino.
Y cuando dudes, repetite:
“Mi sueño es mi verdad. Mi sueño es mi guía. Mi sueño es la luz que me muestra quién puedo llegar a ser.”
Hoy te invito a abrir esa puerta.
A permitir que tu alma se exprese.
A volver a creer en lo que parecía demasiado grande, demasiado lejano o demasiado luminoso para vos.
Porque la verdad es esta:
El mundo necesita tu sueño.
Y tu vida se expande cuando te das permiso de seguirlo.
¡EN EEKE MAI EA!
¡Te quiero tanto!
Patricia
