La sanación comienza cuando el Adulto Interior decide volver. Volver a sentir. Volver a escuchar. Volver a responsabilizarse amorosamente del Niño que habita dentro.
No se trata de culpar al pasado, sino de elegir hoy una nueva forma de relacionarte con vos misma. Cuando el Adulto Interior se vuelve presente, amoroso y disponible, el Niño deja de buscar afuera lo que siempre necesitó adentro.
La verdadera conexión no se encuentra en el otro.
Nace cuando te habitás con amor.
Sanar al Niño Interior es dejar de abandonarte.
Es elegir quedarte.
Y ese acto cambia todo.
Cuando tu Niño Interior ha sanado y es amado
Cuando atravesás un proceso profundo de sanación, de conciencia y de regreso a vos misma, algo esencial se ordena en tu interior: tu Niño Interior deja de sentirse solo. Por primera vez, se sabe visto, cuidado y amado. Ya no necesita protegerse ni esconder su sensibilidad, porque el Adulto Interior está presente y disponible.
Un Niño Interior amado está lleno de vida. Recupera el entusiasmo, la capacidad de asombro y la alegría genuina de existir. Se siente seguro para expresarse y permanece naturalmente conectado a su Ser Superior, a esa dimensión sabia y amorosa que habita en lo más profundo de tu ser.
Cuando este Niño ha sanado, el simple contacto con él abre la puerta a una alegría serena y expansiva. Es vivaz, curioso, creativo y apasionado. Disfruta del juego, de la exploración y de la experiencia presente, sin miedo al juicio ni a la desaprobación. Su energía es liviana, auténtica y contagiosa.
La fuente de la creatividad y la intuición
La conexión con el Niño Interior despierta dones esenciales: la creatividad, la intuición y la capacidad de confiar. Cuando el Niño fue amado en la infancia o cuando, en la adultez, fue sostenido y “reparentalizado” con conciencia y ternura, se vuelve blando, sensible y abierto a la vida. Ya no reacciona desde la herida, sino desde el amor.
Dentro de un Niño Interior amado vive una comprensión profunda de la igualdad entre todos los seres y de la unidad de todo lo que existe. Su sabiduría no es lógica ni lineal; es integral. Percibe la realidad como un todo y extrae sentido desde la experiencia emocional, energética y espiritual, más allá del razonamiento mental.
Este Niño es el puente hacia la verdad interior. Es quien sabe lo que sentís y lo que realmente deseás, porque escucha al alma. Es una brújula interna que te guía hacia aquello que te hace bien y te aleja de lo que no vibra con tu esencia. En él habita la conexión con lo Divino.
Sentir también es sabiduría
Cuando una persona pierde contacto con su Niño Interior, también se desconecta de su mundo emocional. Sin emociones, se pierde el acceso a una fuente profunda de sabiduría. Nuestra sociedad ha exaltado la lógica y la razón, relegando el valor del sentir. El resultado ha sido un desequilibrio: conocimiento sin conciencia, pensamiento sin alma.
La verdadera sabiduría surge de la integración de todas nuestras experiencias, almacenadas no solo en la mente, sino también en el cuerpo y en el corazón. Cuando negamos nuestras emociones, negamos nuestra capacidad de comprendernos y de elegir con coherencia.
Por eso, muchas personas construyen su identidad desde el hacer constante, intentando validarse a través del rendimiento, del éxito o de la productividad, en lugar de habitar el simple y profundo acto de ser.
Empatía, juego y presencia
El Niño Interior amado es profundamente empático. Puede sentir al otro sin perderse, y desde esa sensibilidad nace el deseo genuino de aliviar el dolor ajeno. Esta cualidad abre la puerta a una conciencia más amplia, conectada con la unidad y la compasión.
Las personas en contacto con su Niño Interior responden a la vida con espontaneidad y vitalidad. No son impulsivas ni reprimidas; fluyen. Se permiten disfrutar, jugar y reír sin culpa.
Para quien está desconectado de su Niño Interior, el juego se vuelve algo lejano. La diversión queda reducida a actividades externas, planificadas o estimulantes, pero carentes de gozo verdadero. El juego auténtico, en cambio, es una actitud interna: surge en lo cotidiano, en lo simple, en el momento presente.
Podés experimentar ese estado jugando con tu mascota, cocinando, caminando bajo la lluvia o simplemente riendo sin motivo. El gozo aparece cuando dejás de controlarlo todo y te permitís sentir.
Una pregunta para el alma
¿Cuándo fue la última vez que te entregaste al disfrute sin condiciones?
Muchas veces, ese permiso solo aparece cuando nos enamoramos. En ese estado, el Niño Interior despierta: jugamos, soñamos, reímos, creemos que todo es posible. Esa energía no depende del otro; nace del reencuentro con una parte esencial de vos.
Tu Niño Interior sigue ahí.
Esperando que vuelvas.
Esperando que lo abraces.
Esperando que elijas vivir con más verdad, más alegría y más amor.
Afirmaciones para sanar a mi niña interior
(al estilo Louise L. Hay)
Me amo y me apruebo tal como soy.
Mi niña interior está a salvo conmigo.
Libero el pasado con amor y me abro a una nueva experiencia de vida.
Hoy elijo pensamientos que me nutren.
Me trato con ternura, paciencia y compasión.
Repetir afirmaciones no es negar lo vivido, es reeducar al inconsciente con mensajes de amor y seguridad.
Un camino de integración
Cuando sanamos a nuestra niña interior, dejamos de buscar afuera lo que siempre estuvo dentro. Recuperamos la confianza, la alegría simple y la capacidad de recibir amor sin miedo.
Como decía Louise L. Hay:
“El punto de poder está siempre en el momento presente.”
Y en este presente, puedes elegir amarte, cuidarte y sostenerte. Tu niña interior no necesita perfección. Solo necesita tu presencia amorosa.
https://vimeo.com/441644190?fl=pl&fe=cm
¡EN EEKE MAI EA!
¡Te quiero tanto!
Patricia
