Abundancia, prosperidad: una creación que nace en tu interior

La riqueza, la prosperidad y la abundancia han sido temas profundamente estudiados a lo largo del tiempo. Se han escrito libros, creado teorías y sostenido creencias que las presentan como algo complejo, difícil de alcanzar y reservado solo para algunos. Muchas personas las desean intensamente, pero al mismo tiempo las viven como algo lejano, casi inalcanzable.

Desde pequeños aprendemos —especialmente en la cultura occidental— que siempre hay que ir por más. Que nunca es suficiente. Que el valor personal se mide por lo que se tiene, lo que se gana o lo que se logra. Bajo esta mirada, la vida se transforma en una carrera constante, una lucha interminable por acumular, producir y demostrar.

Esta forma de pensar no solo agota: también desconecta.
Nos aleja de una verdad espiritual fundamental, enseñada por Louise Hay y muchos otros maestros:

La abundancia no se persigue. Se permite.
Y siempre comienza en el interior.

Nada de lo que se manifiesta en el mundo externo puede sostenerse si antes no fue creado en la conciencia. Tu mundo interior —tus pensamientos, emociones, creencias y autoimagen— es el molde desde el cual se forma tu realidad externa.


La raíz espiritual de la prosperidad

Cuando creemos que la riqueza está fuera de nosotros, entramos en una dinámica de esfuerzo excesivo, miedo a perder y sensación constante de carencia. Pero cuando comprendemos que la prosperidad es un estado interno, algo profundo se ordena.

La abundancia no es solo dinero.
Es sentirte sostenida por la vida.
Es confiar.
Es vivir con apertura, gratitud y coherencia.

Toda riqueza material que llegue a tu vida necesita una base interna para sostenerse. Esa base se construye a través de pilares espirituales que se desarrollan desde adentro hacia afuera.


Los cinco pilares internos de la abundancia consciente

Pilar 1: Tu valor personal crea tu riqueza

La forma en que te valorás determina la forma en que el mundo te refleja. Desde la infancia, a través de palabras, gestos y actitudes, vamos formando una imagen interna de quiénes somos y cuánto valemos.

Cuando creés que no sos suficiente, que lo que hacés no tiene valor o que no tenés nada importante para aportar, esa creencia se convierte en una vibración que limita lo que permitís recibir.

Preguntate con honestidad:

  • ¿Sentís que sos valiosa por quien sos, más allá de lo que hacés?
  • ¿Creés que tu presencia, tus dones y tu experiencia aportan algo al mundo?

Reconocer tu valor no es ego. Es conciencia.
Y esa conciencia es la base energética de la prosperidad.


Pilar 2: El merecimiento abre la puerta a recibir

Muchas personas desean abundancia, pero internamente sienten que no la merecen. Este patrón suele originarse en la infancia, cuando aprendimos que para recibir había que cumplir condiciones, esforzarse de más o portarse “correctamente”.

El sentimiento de merecimiento no responde a la lógica. Vive en lo profundo del ser.
Podés tener éxito externo y, aun así, sabotearte si no sentís que merecés lo bueno.

Sanar el merecimiento implica permitirte recibir sin culpa, sin miedo y sin justificaciones. Implica aceptar que sos digna de bienestar simplemente por existir.


Pilar 3: Tu patrón mental sobre el dinero define tus límites

Cada persona tiene un patrón interno respecto al dinero: una cifra invisible que marca cuánto cree que puede generar, recibir o sostener. Ese patrón se forma a partir del entorno, la educación, la historia familiar y las experiencias vividas.

Este “techo interno” no es castigo ni destino. Es una programación.
Y toda programación puede modificarse.

Al expandir tu conciencia de prosperidad, comenzás a habilitar nuevas posibilidades. Lo que antes parecía imposible, empieza a sentirse natural.


Pilar 4: Tus creencias sobre el dinero crean tu realidad

El dinero es energía neutral. No es bueno ni malo.
Son las creencias asociadas a él las que determinan cómo lo vivís.

Muchas personas cargan al dinero con ideas de sufrimiento, culpa, miedo, escasez o contradicción espiritual. Al hacerlo, generan una vibración densa que bloquea su flujo.

Revisar y soltar creencias heredadas es un acto de libertad interior. Cuando cambiás tu mirada sobre el dinero, cambia la relación que tenés con él.


Pilar 5: Tu misión de vida multiplica tu abundancia

Cuando descubrís tu misión de vida, todo se ordena. Tus dones, talentos y capacidades comienzan a expresarse con mayor claridad. Hacer lo que amás te conecta con tu espíritu, y lo que nace desde el espíritu siempre está sostenido por el Universo.

En ese estado, el esfuerzo se transforma en disfrute, la creatividad se expande y el merecimiento se fortalece. La abundancia deja de sentirse forzada y empieza a fluir.

Cuando vivís alineada con tu propósito, la prosperidad deja de ser una meta y se convierte en consecuencia.


TRATAMIENTO DE MERECIMIENTO

Yo soy merecedor@. Me merezco todo lo bueno.

No algo, no un poquito, sino todo lo bueno.

Ahora dejo atrás

Todos los pensamientos negativos y restrictivos

y me libero de todas las limitaciones de mis padres.

Los amo y voy más allá de ellos.

Yo no soy sus opiniones negativas ni sus creencias limitadoras.

No estoy atad@ por ningún miedo ni prejuicio

De la sociedad en que vivo.

Ya no me identifico con ningún tipo de limitación,

En mi mente tengo libertad absoluta.

Ahora entro en un nuevo espacio de consciencia,

En donde estoy dispuest@ a verme a mi mism@

De una forma diferente.

Estoy dispuest@ a crear nuevos pensamientos

Acerca de mi mism@ y de mi vida.

Mi nueva forma de pensar

Se manifiesta en nuevas experiencias.

Ahora se y afirmo

Que Yo Soy Uno con el universo.

Y como tal, me veo favorecido en multitud de formas.

La totalidad de las posibilidades se abre ante mi..

Elijo y acepto la vida, una buena vida.

Elijo y acepto el amor, abundante amor.

Elijo y acepto la salud.

Elijo y acepto vivir cómodamente y prosperar.

Elijo y acepto sentir alegría y felicidad.

Elijo y acepto la libertad.

La libertad de ser todo lo que puedo ser.

Merezco mucho mas que todo eso.

Merezco todo lo bueno.

El Universo esta mas que dispuesto a manifestar mis nuevas creencias.

Y yo acepto esta abundante vida con alegría, placer y gratitud.

Porque la elijo.

La acepto y se que es verdad.

Y así es.

¡EN EEKE MAI EA!
¡Te quiero tanto!

Patricia

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