Ama tu negatividad: la puerta a la transformación

“Ama tu negatividad, es tu invitación al cambio”
— Alejandra Plaza —

Es profundamente humano sentir que algo en nuestra vida no está en armonía. La mayoría de las personas percibe, en algún momento, que necesita cambiar, soltar o reordenar algún aspecto de su existencia. Este malestar no es un error: es parte del despertar de la conciencia y del proceso natural de evolución espiritual.

A veces, ese llamado se siente como un leve cosquilleo en el corazón; otras veces llega como una crisis, una pérdida o una incomodidad persistente. En cualquiera de sus formas, es el alma invitándonos a mirar hacia adentro y preguntarnos: ¿qué necesita transformarse en mí?

Generalmente, los desafíos se manifiestan en tres grandes áreas de nuestra vida:
las relaciones, el cuerpo y la prosperidad.

Cuando nuestras relaciones se vuelven conflictivas, aparecen personas que nos critican, desvalorizan, hieren o abusan de nuestra buena voluntad. Esto no es casualidad: el mundo exterior refleja lo que habita en nuestro interior. Si cargamos con resentimiento, culpa, miedo o inseguridad, esas mismas vibraciones atraerán vínculos que nos muestran lo que aún no hemos sanado.

En el ámbito de la prosperidad ocurre algo similar. Si vivimos con sensación de escasez, aunque cambiemos de trabajo, trabajemos más horas o nos esforcemos sin descanso, seguiremos reproduciendo la misma carencia. La verdadera abundancia comienza cuando transformamos nuestra relación interna con el valor, la merecimiento y la confianza en la vida.

El cuerpo, por su parte, es un mensajero sabio del alma. Las enfermedades y malestares no llegan al azar. Un dolor de cabeza persistente puede señalar tensiones acumuladas o pensamientos que no logramos soltar. Las diarreas pueden aparecer cuando retenemos emociones que necesitamos expresar, cuando algo nos resulta “indigerible” en la vida o cuando vivimos separaciones dolorosas —como el final de una pareja de nueve años— sin habernos permitido atravesar plenamente el duelo.

Incluso el fallecimiento de una mascota amada puede activar preguntas profundas:
“¿Qué hice mal?”
“¿Podría haberlo evitado?”
“¿Qué me está mostrando esto?”

Estas experiencias, aunque dolorosas, son portales de conciencia. Nos invitan a limpiar, soltar y reordenar nuestra energía interna y externa.

La vida no nos pone pruebas para castigarnos, sino para despertarnos. Cada dificultad es, en realidad, una bendición disfrazada: una oportunidad para evolucionar, sanar y alinearnos con nuestra esencia.

Muchas veces creemos que el cambio debe venir de afuera: que nuestra pareja debería ser distinta, que nuestro jefe debería ser más comprensivo, que nuestra familia debería cambiar su actitud. Pero tarde o temprano comprendemos una verdad fundamental: la transformación real comienza dentro de nosotros. Cuando cambiamos por dentro, el mundo cambia con nosotros.

“No cambiar es pretender no evolucionar.”
— Alejandra Plaza —

Cada pequeño movimiento interno —un perdón sincero, una emoción expresada, un límite amoroso, una creencia transformada— produce un efecto expansivo en nuestra realidad. A veces, cambios sutiles en nuestra conciencia generan transformaciones profundas en nuestra vida.

Desde una mirada espiritual, incluso antes de nacer, ya habíamos elegido esta encarnación: nuestros padres, nuestro cuerpo, nuestras experiencias y nuestros desafíos. No para sufrir, sino para crecer. Por eso, cuando aparece el dolor, la enfermedad, la escasez o la pérdida, no es un error del destino: es una invitación a dar el paso que nuestra alma ya sabía que necesitábamos.

Cuando aceptamos esta perspectiva, dejamos de resistir y comenzamos a fluir con la Fuente. Los cambios dejan de ser forzados y se vuelven orgánicos. La vida empieza a responder con sincronías, señales y lo que muchos llaman “milagros”.

Cómo iniciar un verdadero cambio de vida

La transformación no es solo interna: también puede reflejarse en nuestro entorno.

Una poderosa forma de comenzar es limpiar y ordenar tu casa, porque tu hogar es un espejo de tu mundo interior. Deshacerte de objetos que ya no usás, liberar espacios, reorganizar muebles y permitir que la energía circule libremente es un acto de renovación espiritual.

El Feng Shui nos enseña que cuando cambiamos la disposición de nuestro espacio, cambiamos la energía que nos rodea. Mover muebles, abrir ventanas, incorporar luz, plantas y armonía visual puede activar nuevos flujos de abundancia, amor y bienestar.

Este acto externo apoya el cambio interno: mientras ordenás tu casa, también ordenás tus emociones, tus pensamientos y tu vida.

Escuchar tu interior

La guía que buscás no siempre llegará en forma de maestro o gurú. Muchas veces, tu guía ya está dentro de vos.

Cuando estés verdaderamente lista o listo para cambiar, las personas, enseñanzas y oportunidades adecuadas aparecerán en tu camino. Hasta entonces, practicá la escucha interior, la quietud y la presencia.

Porque en tu propio corazón reside la sabiduría que sabe exactamente qué necesitás para evolucionar.

¡EN EEKE MAI EA!
¡Te quiero tanto!