Amor, conciencia y conexión con la Fuente

La palabra AMOR se pronuncia a diario en nuestro mundo, pero pocas veces comprendemos su verdadera profundidad. Más que un sentimiento romántico o una emoción pasajera, el Amor es la energía primordial del Universo, la fuerza creadora que sostiene toda vida y toda manifestación.

Con frecuencia utilizamos esta palabra de manera superficial: “amo esto”, “amo aquello”. Sin embargo, cuando el amor se reduce a un simple gusto o preferencia, pierde su potencia vibratoria real. El Amor auténtico no es algo que poseemos: es un estado de conciencia que habitamos.

Cuando logramos permanecer en un estado de Amor, nuestra vibración se eleva naturalmente. Desde ese nivel de conciencia, nuestras emociones, pensamientos y acciones se alinean con una frecuencia más sutil y armoniosa. En ese estado, aquello que es denso, discordante o doloroso pierde fuerza en nuestra vida, porque ya no resuena con nuestra energía.

El Amor verdadero es ligero, expansivo y luminoso. No oprime ni controla, sino que libera y crea. Vivir desde esta vibración es lo que muchos llaman “fluir con la vida”: experimentar alegría, confianza y apertura frente a lo que acontece, sabiendo que formamos parte de un orden mayor.

Grandes maestros espirituales, como Wayne Dyer, han señalado que este estado de Amor es equivalente a vivir en Espíritu, es decir, en conexión consciente con la Fuente Divina. Isha, desde su enseñanza de la conciencia despierta, también nos recuerda que cuando soltamos la identificación con el ego y regresamos a nuestra esencia, reconocemos que somos expresión viva de esa misma Fuente.

Estamos hechos de Amor y por Amor. Por eso, cuando nos reconectamos con nuestra naturaleza más profunda, comenzamos a experimentar la vida de manera diferente. Lo que antes parecía esfuerzo, lucha o carencia, se transforma en sincronía, fluidez y confianza. En ese estado, lo que muchos llaman “milagros” se vuelve simplemente la consecuencia natural de vivir alineados con nuestra esencia.

¿Cómo reconocer este estado de conexión con la Fuente?

No es necesario buscarlo en prácticas esotéricas complejas. Ya lo hemos sentido en momentos de contemplación frente a la naturaleza, al observar un atardecer, un océano, un bosque o incluso la mirada de un animal. También aparece cuando sentimos gratitud sincera, cuando apreciamos la belleza de la vida o cuando deseamos el bien de manera genuina para nosotros y los demás.

Como bien enseñaba Wayne Dyer, cuando estamos alineados con la Fuente:

  • Nuestra mente deja de estar dominada por el miedo y el ego.
  • Los pensamientos limitantes pierden fuerza y claridad.
  • La certeza interior reemplaza a la duda.
  • La conciencia se expande más allá del tiempo y el espacio.
  • Nos sentimos parte de algo infinito, no separados de la vida.

En este estado, dejamos de vernos como seres pequeños y vulnerables y comenzamos a reconocernos como expresiones de una inteligencia mayor. Descubrimos que nuestra verdadera identidad no es el ego temeroso, sino el Ser consciente que observa, crea y ama.

Isha nos invita a soltar la identificación con la mente condicionada y a descansar en la presencia. Desde ahí, la vida se vuelve más liviana, porque ya no estamos atrapados en narrativas de miedo, culpa o carencia. En su lugar, habitamos la claridad del Ser.

Cuando permanecemos conectados con la Fuente, nuestros talentos y capacidades emergen con naturalidad. No desde la presión o la competencia, sino desde la inspiración. Nuestros deseos nacen del alma y encuentran su camino sin forzamiento.

En última instancia, vivir desde el Amor y la conciencia es liberarnos del ego —ese “yo falso” construido por el miedo— y recordar nuestra verdadera naturaleza: seres espirituales teniendo una experiencia humana.

Y en esa reconexión con la Fuente, descubrimos nuestra magnificencia, nuestra paz y nuestra capacidad de crear una vida alineada con el Amor.

¡EN EEKE MAI EA!
¡Te quiero tanto!

Patricia

Dedicado a Heket uno de mis gatitos que partió y me enseño que EL AMOR no se va cambia de plano.!!!