Y el regreso a la energía que somos
La palabra amor habita en todos los idiomas y en todos los corazones. La pronunciamos a diario, la usamos con ligereza, la asociamos al deseo, al romance, al apego o a la pasión. Decimos “amo esto”, “amo aquello”, sin advertir que detrás de esa palabra vive una de las fuerzas más poderosas del Universo.
Desde la consciencia que propone Isha, el amor no es una emoción ni un sentimiento dirigido hacia afuera.
El amor es un estado de conciencia.
Una energía viva.
La frecuencia original de nuestra verdadera naturaleza.
Y cuando comenzamos a habitar ese estado, algo profundo empieza a ordenarse dentro de nosotros.
Cuando el miedo comienza a disolverse
En la mirada de Isha, la mayor parte de nuestro sufrimiento nace del miedo:
miedo a no ser suficientes,
miedo a perder,
miedo a equivocarnos,
miedo a no ser amados.
Construimos entonces una falsa seguridad interior hecha de control, de creencias rígidas y de identidades aprendidas.
Creemos que eso nos protege, pero en realidad nos limita.
Cuando entramos en amor consciente, esas estructuras empiezan a aflojarse.
Los miedos pierden intensidad.
Las creencias comienzan a cuestionarse.
Los límites internos se vuelven permeables.
Y algo inmenso empieza a crecer dentro nuestro:
una sensación de amplitud, de confianza silenciosa, de vida expandiéndose.
La invitación a expandirnos
Isha nos invita a salir de la contracción y entrar en la expansión.
A dejar de vivir desde el personaje y comenzar a vivir desde la presencia.
En ese camino descubrimos cuántas máscaras llevamos:
la máscara de la fortaleza,
la del agrado,
la del éxito,
la del sacrificio,
la de quien busca constantemente aprobación.
Gran parte de nuestro sufrimiento proviene de ahí:
de intentar ser aceptados,
de buscar reconocimiento,
de necesitar validación para sentir que existimos.
Cuando esta búsqueda se vuelve consciente, algo empieza a moverse profundamente.
No siempre es cómodo.
A veces aparecen momentos de vacío, de incertidumbre, de incomodidad interior.
Pero esos momentos son sagrados.
Porque allí comienza la verdadera libertad.
Cuando las preguntas se disuelven
A medida que soltamos máscaras y defensas, las preguntas que nos acompañaron durante años empiezan a perder fuerza:
¿Quién soy?
¿Estoy haciendo lo correcto?
¿Valgo lo suficiente?
¿Voy a ser amado?
No porque encontremos respuestas intelectuales,
sino porque dejamos de necesitarlas.
En ese silencio nuevo empezamos a experimentar algo inédito:
no buscamos quiénes somos…
comenzamos a vivirlo.
El amor que fluye sin condiciones
En este estado, el amor deja de ser intercambio, expectativa o demanda.
Se vuelve natural.
Espontáneo.
Libre.
Amamos sin necesidad de controlar.
Sin exigir.
Sin poseer.
El amor comienza a fluir desde adentro hacia todo lo que toca.
No selecciona.
No juzga.
No condiciona.
Y al vivir así, algo esencial se revela:
no somos seres buscando amor,
somos consciencia aprendiendo a permitirse amar.
Más allá del ego: la libertad interior
Desde la mirada de Isha, el ego no es un enemigo, sino una estructura aprendida que se va relajando cuando la conciencia se expande.
Al soltar identificaciones, historias y miedos, entramos en una libertad suave pero profunda.
Una libertad que no depende de circunstancias.
Una libertad que nace de habitar plenamente el presente.
Aquí la vida deja de sentirse como lucha.
Se vuelve danza.
Se vuelve experiencia viva.
Se vuelve aprendizaje amoroso.
El retorno a lo que siempre fuimos
En esta conexión con La Fuente, redescubrimos nuestra verdadera magnitud.
No como algo especial,
sino como algo esencial.
Somos consciencia viviendo forma.
Somos amor explorándose a sí mismo.
Somos presencia experimentando humanidad.
Y en este recuerdo silencioso ocurre el verdadero milagro:
dejamos de buscar afuera lo que siempre estuvo dentro.
Hoy tal vez puedas preguntarte:
¿Qué máscaras estoy sosteniendo todavía?
¿Desde dónde estoy amando: desde el miedo… o desde la libertad?
Y recordá:
cuando soltás el control,
cuando dejás caer las defensas,
cuando te permitís ser…
el amor no se busca.
El amor simplemente se revela.
Basado en el Sistema Isha
¡EN EEKE MAI EA!
¡Te quiero tanto!
Patricia
